Ana Corredoira: «Si invisibilizamos nuestro papel en el rural, es muy difícil consolidar nuestros derechos en el mañana» | Día Internacional de la Mujer Rural

Ana Corredoira con su ganado en el Día Internacional de la Mujer Rural

Con motivo del Día Internacional de la Mujer Rural, Cocampo rinde homenaje a mujeres destacadas en el mundo rural. Ana Corredoira, bióloga con raíces ganaderas en Palas de Rei (Lugo), es una de ellas.

Ana ha estado siempre comprometida con la agricultura y ganadería sostenible, pero el año 2014 marcó un punto de inflexión en su vida. Después de concluir sus estudios universitarios en biología y el fallecimiento de su padre, asumió la dirección de la granja familiar. En España, menos de un tercio de los titulares de las explotaciones agrarias son mujeres.

Ante la necesidad de empoderarse como ganaderas, Ana y Marta Álvarez, de Granxa Maruxa, unieron fuerzas para dar vida a un proyecto innovador bajo la marca “Sen máis”, abriendo un nuevo camino en la producción y comercialización de leche.

Cocampo ya tuvo la oportunidad de conversar con ella sobre su explotación en el pasado, y ahora, por el Día Internacional de la Mujer Rural, lo hace de nuevo en relación con el rol que desempeña la mujer en el campo.

PREGUNTA. En nuestra anterior entrevista, mencionó la necesidad de una mayor presencia de las mujeres en los espacios públicos e institucionales para abordar la brecha de género en el medio rural. ¿Ha observado algún avance en este aspecto desde entonces?

RESPUESTA. El continuar incrementando la visibilidad en los ámbitos socioeconómico, político, económico… sigue siendo un gran reto para las mujeres rurales.

Vamos avanzando, pero hay cuestiones que hacen que sea muy lentamente. El difícil contexto económico que venimos atravesando estos últimos años, ya fuera en el escenario de la pandemia o en el posterior escenario de una guerra, hace que se difuminen ciertas reivindicaciones que deberían estar más presentes que nunca.

Sin embargo, no debemos perder el ritmo. Debemos estar al lado de las mujeres y de las mujeres jóvenes, sobre todo, en el ámbito rural, para conseguir hacer frente a los retos que tenemos sobre la mesa.

Retos tan importantes como la emergencia climática o la soberanía alimentaria, en los que las mujeres estamos trabajando desde la producción agroalimentaria y el desarrollo de proyectos que ponen de manifiesto las buenas prácticas en cuanto a la conservación del territorio.

Indudablemente, seguimos avanzando y las mujeres rurales hemos construido una red muy potente. Tratamos de estar conectadas, de apoyarnos y de hacer uso de aquellas herramientas que nos permiten mejorar nuestros proyectos de vida y profesionales. Pero debemos seguir demandando del ámbito público e institucional el reconocimiento que necesitamos para consolidarnos.

Debemos seguir demandando del ámbito público e institucional el reconocimiento que necesitamos para consolidarnos

Ana Corredoira, ganadera ecológica

P. En otras ocasiones la he oído decir que una mujer joven obtuviera una formación universitaria y volviera al campo a trabajar, como en su caso, era visto como un fracaso. Sin embargo, cada vez más mujeres se animan a instalarse en la agricultura o la ganadería. ¿Esta percepción sigue siendo prevalente?

R. Sigue existiendo esa visión pesimista, pero llevamos años en los que se ha producido el retorno de gente joven que, o bien habiendo crecido en el rural se ha ido fuera y luego ha regresado, o que sin haber tenido ese vínculo ha encontrado en los pequeños pueblos el espacio idóneo para desarrollar su proyecto de vida e incluso un proyecto profesional.

Estos casos hay que visibilizarlos, porque son referentes. Son pequeños espejos para contarle a la sociedad y a otros jóvenes que es difícil, pero que si tenemos un buen diseño de lo que buscamos y conseguimos adaptarlo al entorno, podemos salir adelante.

Sin embargo, el retorno que se ha producido no es suficiente. Seguimos padeciendo una gravísima crisis demográfica en las áreas rurales. Nuevamente, es una secuela de otro tipo de procesos que se están produciendo en nuestro entorno rural, como la pérdida o el deterioro de servicios públicos, imprescindibles para poder desarrollarnos a nivel vital y profesional.

Si queremos preservar la vida y mantener pueblos vivos es importante fijar la actividad económica. El decidir vivir en las zonas rurales si no puedes trabajar en ellas es complicado, porque si vives en un pequeño pueblo y trabajas en una gran ciudad, las dificultades que vas a tener de accesibilidad, movilidad… pueden limitar la decisión de vivir.

Está bien que los pueblos tengan vida, pero no sólo pueden ser dormitorios o segundas viviendas. Queremos pueblos llenos de vida en los que podamos desarrollarnos a nivel profesional, porque la fijación de la actividad económica será lo que nos permita fijar población realmente.

Estos últimos años hemos visto como la brecha generacional y de género han ido sumando otro tipo de conflictos como la brecha digital o la brecha socioeconómica, que hacen que sea difícil el instalarse de forma definitiva.

El hecho de que las mujeres nos vayamos agrava este problema, porque producimos y reproducimos. En los pueblos en los que no nacen niños, y en Galicia tenemos ejemplos de pequeños ayuntamientos en los que no ha nacido ningún niño en el último año, la fotografía que podemos extraer del análisis es dura.

Para revertir esta situación tiene que darse un contexto favorable en cuanto a servicios, accesibilidad y a la posibilidad de instalarse de manera real a nivel vital y profesional.

P. Como ha comentado, otro de los desafíos del campo es el relevo generacional. ¿Qué cree que es necesario para que las mujeres jóvenes se sientan motivadas a trabajar en el campo?

R. Necesitamos que nuestros proyectos sean visibles y viables, desde el punto de vista de las condiciones para emprender o iniciar un pequeño proyecto. Además, necesitamos que esto vaya acompañado de unas condiciones que nos permitan conciliar nuestra vida profesional y personal. Por ejemplo, al enfrentamos al reto de la maternidad.

Aunque criamos en un contexto para mí idóneo, con valores pegados al territorio y con una combinación intergeneracional, también lo hacemos con otras dificultades. En muchas ocasiones, los jóvenes han abandonado el entorno rural en el momento de criar.

Tenemos que seguir avanzando en la consolidación de nuestros derechos, porque tenemos el derecho innegable de habitar y ocupar el territorio. Garantizarlo significa garantizar nuestros servicios básicos y generar así posibilidades para que cada vez seamos más.

Es muy difícil repoblar desde cero. Pretender que la gente retorne y se vuelva a pueblos vacíos es un reto que no podemos enfrentar. No debemos permitir llegar a ese punto, por lo que tenemos que evitar que se siga produciendo este éxodo.

En la medida de lo posible, los pueblos que mantienen vida tienen que ser capaces de contagiar la ilusión, las ganas y la oportunidad, siendo reflejo de que es posible hacerlo para que otras personas encuentren en este entorno una opción de futuro.

Día Internacional de la Mujer Rural

P. El 15 de octubre se celebra el Día Internacional de la Mujer Rural. ¿Qué relevancia tiene el rol que desempeñan las mujeres en el medio rural?

R. La mujer ha sido la figura clave en el desarrollo económico, pero también en la cohesión social de nuestros pueblos. Solamente tengo que observar mi entorno y fijarme en esas mujeres referentes, como mi madre y mi abuela, que han llevado sobre sus hombros la responsabilidad de los cuidados dentro y fuera de casa.

Fuera de casa, desarrollando un papel fundamental a nivel laboral no reconocido, con mujeres que trabajan sin estar dadas de alta en la Seguridad Social. Un trabajo invisible, pero que ha vertebrado y ha permitido el crecimiento de sectores como la agricultura y la ganadería.

Por lo tanto, ese trabajo invisible de tantos años juega un rol crucial para entender cómo será el futuro de las mujeres rurales. Si invisibilizamos nuestro trabajo y nuestro papel aquí, es muy difícil consolidar nuestros derechos en el mañana.

Pero a esto hay que sumar el peso de los cuidados familiares e incluso extrafamiliares, un trabajo que han asumido también las mujeres rurales.

Le debemos mucho a las mujeres que han abierto el camino que recorremos hoy

Ana Corredoira, ganadera ecológica

Una responsabilidad tan amplia que ha limitado la proyección de su figura y de sus necesidades fuera de su entorno (prácticamente de su casa, porque se puede entender la vivienda y la familia como una extensión de lo que es la granja, el campo, y la vida familiar).

En este sentido, le debemos mucho a las mujeres que han abierto el camino que recorremos hoy jóvenes como yo, que recogemos el testigo con la responsabilidad de lograr otras formas de trabajar y habitar para que sean más las mujeres que se queden aquí.

El rural es un mundo en el que las mujeres representamos el 50% de la mano de obra que está detrás de la producción de alimentos en el mundo. No es que no haya mujeres, estamos y tenemos un peso importante.

El problema es que, si realmente no estamos en aquellos espacios en los que se toman decisiones sobre nuestras vidas, muy difícilmente la perspectiva de género puede ser considerada.

Tenemos que empezar a entender que nuestra voz también debe situarse ahí, porque sólo así se tendrá en cuenta la perspectiva del 50% de esa población activa que tan vital es para mantener nuestros pueblos y sectores tradicionales como la agricultura y la ganadería vivos.

P. ¿Qué políticas públicas podrían implementarse para fomentar el reconocimiento y la incorporación de las mujeres en las zonas rurales?

R. Tenemos que seguir avanzando en políticas como la titularidad compartida. Debemos seguir comunicando sobre ello para que más mujeres entiendan que es una necesidad el adherirse a este reconocimiento y trabajar por nuestros derechos.

Las cifras demuestran que no se están logrando los objetivos deseados. En algunas Comunidades Autónomas es desigual el número de explotaciones en las que se ha adoptado esta figura, que protege nuestros derechos al igual que los de nuestros compañeros varones.

Además, hay que seguir trabajando en medidas de conciliación que eviten que tengamos que abandonar nuestros proyectos para criar.

También, necesitamos blindar los servicios en los entornos rurales, seguir avanzando en determinados elementos del Estatuto de la Mujer Rural y profundizar en la lucha frente a la violencia de género, una lacra en las zonas rurales.

Es esencial que los planes de igualdad no se limiten a ser un mero trámite que las ciudades tienen que abordar y presentar en un plazo determinado, y que se implanten realmente. Tanto mujeres como hombres tenemos que tomarnos en serio la necesidad de acceder a un escenario de igualdad en el que las mujeres tengamos una representación equiparable a nuestro peso en esa entidad.

Perder el potencial de las mujeres en los órganos de decisión es un fracaso como sociedad

Ana Corredoira, ganadera ecológica

En sectores como la producción agroalimentaria, aunque se ha avanzado, las mujeres aún estamos lejos de alcanzar un espacio de igualdad. Cada paso que dejamos de dar es un retroceso.

Tenemos que tomar conciencia, porque perder el potencial de las mujeres en los órganos de decisión es un fracaso como sociedad.

P. Para cerrar la entrevista, ¿cuál es el mensaje que le gustaría transmitir por el Día Internacional de la Mujer Rural?

R. En un día tan importante para nosotras, creo que nos sentimos más unidas que nunca. Aunque ocupamos nuestro importante papel en las áreas rurales los 365 días del año, tenemos que aprovechar esta fecha para seguir reivindicando que estamos ahí y que hemos encontrado espacios comunes con mujeres con diferentes edades, orígenes, formas de ver y de habitar, defendiendo ante todo nuestros territorios.

La defensa del territorio que lidera la mujer rural tiene una connotación llena de vida. Defendemos nuestra vida aquí, nuestras actividades y nuestras tradiciones. Además, le damos valor cada día a través de proyectos de emprendimiento que presentamos en nuestros pueblos. Estos proyectos generan empleo y contribuyen a proteger nuestro territorio.

Pese a las desventajas competitivas que solemos enfrentar en comparación con el emprendimiento en medios urbanos, las mujeres rurales lideramos el emprendimiento en las áreas rurales.

Es esencial seguir visibilizando y comunicando nuestras contribuciones para que no se olvide que nuestro trabajo es vertebrador, y para que siga siendo referente.

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