La financiación nos separa

Finca rustica con plantacion

Por Regino Coca, fundador y CEO de Cocampo

La financiación nos separa.

Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), en 2022, la proporción de hipotecas sobre fincas rústicas respecto al total de fincas rústicas compradas fue del 7,4% (11.670 hipotecas sobre fincas rústicas). Por el contrario, en el caso de la vivienda, la misma proporción fue del 54,7% (596.164 hipotecas sobre viviendas).

Las fincas rústicas son, por definición, el primer activo inmobiliario de la historia. Su principal característica puede ser la tan hablada resiliencia, por lo que siempre han destacado como valor refugio, porque superan mejor que ningún otro inmueble las situaciones traumáticas.

A pesar de ello o precisamente por ello, por ser el más conservador de los activos, dentro del boom inmobiliario que hemos vivido a nivel global durante las últimas décadas, las fincas rústicas han sido “el patito feo” y es ahora cuando las conversaciones sobre alimentación, transformación, sostenibilidad y salud coinciden en el campo, cuando también están teniendo mayor visibilidad pública e interés inversor.

Las fincas rústicas son un activo inmobiliario más, o mejor dicho, son el mejor activo inmobiliario, pero hay un elemento externo y fundamental para la prosperidad económica que está lastrando al sector: la financiación.

Las cifras muestran que existe una menor financiación para la adquisición de fincas rústicas que para inmuebles urbanos. Hay dos factores especialmente interesantes:

Por un lado, la financiación para el sector agroalimentario crece año a año. Santander y Caixabank lideran financiaciones de miles de millones para el sector agroalimentario, pero no tienen interés en el suelo rústico, ni como inversión, ni como garantía, a la vista de las cifras.

Por otro lado, analizando los datos del INE por provincias, se observa que sólo el 4,2% de los propietarios de fincas rústicas en Madrid consiguieron una hipoteca, frente al 75,4% de propietarios de fincas urbanas. En Valladolid, lo hicieron el 1,1% de propietarios de fincas rústicas respecto al 63,4% de propietarios de fincas urbanas.

Asimismo, el 8,0% de propietarios de fincas rústicas de Álava firmaron una hipoteca ante el 68,6% de propietarios de fincas urbanas. Y sin embargo en Asturias, los propietarios de fincas rústicas obtuvieron más financiación (69,7%) que los de fincas urbanas (55,5%).

La falta de estructura en el mercado de las fincas rústicas ha generado en muchos casos carencias de liquidez para invertir y desinvertir, y eso ha desincentivado que los bancos financiasen la adquisición de fincas o que las tomasen como garantía.

Igualmente, cada finca tiene unas características propias, y eso exige equipos de financiación muy especializados que puedan conocer el activo que están financiando. Pero esto es perfectamente posible, y de hecho los datos ya muestran como en el norte de España, donde lo rústico y lo urbano se entremezcla mucho más, la financiación de fincas rústicas fluye.

La ausencia de financiación está penalizando un mercado de las fincas rústicas que, a pesar de ello, crece con fuerza. Para los bancos es una oportunidad y para la sociedad es la palanca necesaria para generar riqueza en las zonas rurales, impulsar la sostenibilidad y acceder a formas de vida y consumo más saludables.

Desde Cocampo estamos entregando lo mejor de nosotros para promover y acelerar este cambio, que por otra parte es inevitable.

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