“Estamos en un mundo digitalizado y el agricultor no puede quedarse atrás”, Belén Franch, investigadora de la NASA | Personajes Agro

Belén Franch, investigadora de la NASA - Personajes Agro

Belén Franch, doctora de Física por la Universidad de Valencia, trabajó como asistente de investigación en la NASA hasta 2019. En la actualidad dirige el grupo de trabajo de estimación de rendimiento de cultivos dentro del consorcio internacional NASA Harvest financiado por la NASA. Además, desde 2019 es miembro de la iniciativa Earth Observation Global Agriculture Monitoring Group (GEOGLAM), una iniciativa promovida por el G20.

Su campo de investigación se centra en el análisis de la superficie de la tierra utilizando imágenes de satélites. Trabaja haciendo estimaciones de la producción de los principales cereales de exportación antes de la cosecha para proporcionar información anticipada sobre el estado de estos cultivos en los principales países exportadores.

Recibió la Medalla de Honor de la NASA en 2018 por Logros Profesionales Tempranos gracias a sus investigaciones en teledetección (obtención de datos de la superficie de la tierra a partir de sensores situados en plataformas espaciales) y que contribuyeron a una mejor comprensión del suelo y sus recursos agrícolas.

PREGUNTA. ¿Cómo impacta la digitalización y la innovación tecnológica en el campo?

RESPUESTA. Yo trabajo con imágenes de satélite. Tradicionalmente, los satélites han tenido unas características que han limitado esta tecnología a grandes estudios, proporcionando información a nivel nacional o subnacional: nivel provincial, a nivel español o incluso a nivel de los principales países exportadores.

Pertenezco a GEOGLAM, un grupo promovido por el G20 que nace de una gran sequía en 2010. Nuestro objetivo es potenciar la tecnología para proporcionar información lo más cuantitativa posible a nivel global. Pero también se potencia el nivel local. Desde que la Agencia Espacial Europea lanzó en 2017 el segundo satélite Sentinel II se han multiplicado las aplicaciones que podemos aportar y desarrollar a nivel local. 

No solo a nivel del campo, sino a nivel intraparcelal, dentro de la parcela. Con una resolución de 10 metros podemos ayudar al agricultor a tomar decisiones, también a cumplir las directrices de Europa, y asistir a que consiga unos mayores rendimientos. 

Gestionarlo espacialmente para, por ejemplo, no aplicar siempre la misma cantidad de fertilizante, porque las parcelas no son homogéneas, son heterogéneas.

P. Las directrices de Europa nos marcan ser más sostenibles ¿Cómo puede esa digitalización ayudar a hacer frente a los desafíos medioambientales que tenemos por delante?

R. Estamos en un mundo digitalizado y el agricultor no puede quedarse atrás. Si en tiempo real el agricultor puede ser informado de en qué estado se encuentra su cultivo, eso puede minimizar el impacto ambiental de sus prácticas agrícolas.  

No solo con los fertilizantes, que los agricultores tienden a sobrefertilizar los campos y eso genera cierta contaminación de las aguas, sino también la aplicación de los pesticidas para hacer frente a las plagas.

Si podemos monitorizar qué zonas están más afectadas o tienen más posibilidad de ser afectadas por cierto tipo de plagas, si podemos ver en qué momento empieza a haber señales de que puede estar afectado… podemos ser más precisos. Lo mismo con los herbicidas.

Ya no estoy hablando solo de digitalización como satélites, sino que incluir otras tecnologías, otro tipo de segadoras, de sembradoras, también minimizará el número de malas hierbas que vayamos a tener y por tanto los herbicidas que se vayan a utilizar.

Por lo tanto, creo que es una integración completa. No solo hablamos de satélites, sino que todas las herramientas que podamos tener a día de hoy, que son muchas, hay que ponerlas al servicio de una mejor gestión.

P. ¿Y qué resistencias tiene todavía el sector del campo hacia la digitalización?

R. Creo que, y esto es un poco de autocrítica, por una parte viene de la desconexión que muchos científicos hemos tenido sobre lo que realmente era necesario. También es cierto que hasta 2017, que tenemos el satélite Sentinel II, no éramos capaces de llegar a un nivel de detalle tan alto como el que tenemos ahora. Por lo tanto, las aplicaciones no se habían desarrollado en la agricultura tanto como hoy en día.

Por otra parte, también está la reticencia del sector y del propio agricultor. Piensan “yo llevo toda la vida haciéndolo así y me ha funcionado bien y por si acaso voy a seguir así”, y el ‘por si acaso’ se convierte en un hábito. 

Podemos recomendar ciertas prácticas, pero el agricultor es al final el que toma la decisión y le cuesta abrir un poco la mente o cambiar algo que lleva toda la vida haciendo.

P. ¿Cómo se puede vencer esa resistencia que tienen los agricultores?

R. Creo que la cuestión es informar, la divulgación. Que vean realmente que si hacemos esas sugerencias es porque hemos comprobado, hemos visto y cuantificado que eso es así. No es algo que nos hayamos ‘sacado de la manga’, que reconozcan que este tipo de tecnología está para ayudar.

El problema es que, cuando hablamos de digitalización, muchos agricultores se ponen un poco a la expectativa porque consideran, al igual que con la PAC, que les va a amargar la vida porque van a estar constantemente monitorizados.

Pero cuanta mayor monitorización haya y cuanta mayor digitalización, mejorará el rendimiento final y tendrán mayor nivel de beneficios. Será una agricultura más respetuosa con el medioambiente y va a beneficiar a la gente que lo haga bien.

P. Muchos agricultores se quejan de las exigencias medioambientales, argumentan que para ser sostenible antes han de ser rentables ¿Cómo puede ser la agricultura por un lado sostenible medioambientalmente y por otro lado sostenible económicamente?

R. Si se gestionan mejor los pesticidas, herbicidas, etc., al final utilizar menos también es beneficioso económicamente para el agricultor, porque eso son productos que tienen que comprar, tienen que invertir en ellos… Si conseguimos que minimizando la utilización de estos productos se supere o se mejore la producción es un win win.

P. ¿Cuál es la situación fuera de España? ¿Cómo de digitalizado está el campo de otros países?

R. Creo que está más avanzado. En EE.UU., que es de donde vengo, allí prácticamente todas las segadoras eran ya de nueva generación y tenían mapas de rendimiento.

En cuanto al control de qué tipo de productos usan (pesticidas, herbicidas…) no están tan avanzados como aquí en Europa. El Pacto Verde es mucho más ambicioso que lo que los estadounidenses aplican. Pero a nivel de digitalización la cercanía de la tecnología al agricultor es mucho más intensa.

P. La tecnología, la innovación, los proyectos digitales, o incluso la sostenibilidad, ¿pueden ayudarnos a conseguir que los jóvenes se involucren en el campo, a conseguir relevo generacional?

R. Poco a poco la gente ha sido más consciente de lo importante que es que los alimentos no tengan restos de ningún producto utilizado en la agricultura y por lo tanto cada vez allí veía más tendencia a utilizar menos productos contaminantes.

Hoy en día, veo mucha gente que vive en las propias ciudades que se está animando a hacerse su propio huerto urbano, o incluso estoy viendo iniciativas muy chulas de huertos compartidos, cooperativas en las que cada uno tiene su área dentro de un pequeño huerto. Por lo tanto creo que esto está aproximando mucho el campo a lo que es la gente joven. 

Puede motivar a que la gente joven no lo vea como algo tan lejano, de la gente mayor, sino que es algo más próximo que hay que cuidar, que hay que apoyar y verlo como una profesión.

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